Existe la idea de que las aguas termales pertenecen al invierno, al vapor elevándose entre la nieve y al contraste entre frío y calor. Sin embargo, en Termas de Chillán, en plena cordillera chilena, febrero demuestra que la montaña también puede ser protagonista del verano.
Aquí no se trata de competir con la playa, sino de ofrecer una alternativa: aire puro, caminatas entre bosques nativos y pausas naturales donde el cuerpo recupera energía mientras el paisaje hace el resto. Es una experiencia que combina aventura ligera, descanso y gastronomía de montaña, ideal para quienes buscan algo más que sol y arena durante sus vacaciones.
El bienestar nace del territorio
Las aguas que alimentan el complejo provienen directamente del sistema volcánico Nevados de Chillán y mantienen su temperatura durante todo el año. Su riqueza mineral convierte cada inmersión en un ritual natural de recuperación después de explorar senderos, recorrer bosques de lengas o simplemente disfrutar del entorno.
Aquí, el spa no es un lujo añadido, sino una consecuencia lógica del paisaje.
Spa, descanso y placer sin artificios
Dentro del complejo, Alunco Spa ofrece más de 3,000 metros cuadrados dedicados al bienestar, siempre alrededor del mismo elemento: agua termal natural.
Piscinas interiores y exteriores, hidromasajes al aire libre, sauna finlandés y baños de vapor permiten alternar temperaturas y relajar músculos después de un día activo. Los tratamientos priorizan lo esencial: masajes con hidrojets, fangoterapia volcánica y terapias acuáticas que buscan reparar el cuerpo más allá del simple descanso.

Trekking que termina en aguas termales
La experiencia no se limita al hotel. Diversas rutas de trekking atraviesan bosque nativo y conducen a zonas cercanas a fuentes termales naturales donde el agua brota formando pozas templadas en plena montaña.
Sumergirse tras una caminata cambia la idea tradicional de spa: aquí el bienestar no se agenda, sucede como parte del recorrido.
En un mes que suele asociarse con destinos de playa, la montaña chilena recuerda que el verano también puede disfrutarse entre caminatas, buena mesa, aire puro y aguas volcánicas que invitan a bajar el ritmo y viajar de otra manera.




