Este 2026 se cumplen 60 años desde que, en una esquina de la Ciudad de México, comenzó una historia que transformó para siempre la forma en que el país, y posteriormente el mundo, entiende y disfruta el taco al pastor.
Se trata de El Tizoncito, reconocido como el lugar donde nació este icónico platillo que hoy forma parte esencial del paisaje gastronómico y cultural mexicano.
El origen del taco al pastor
Todo comenzó el 2 de febrero de 1966, cuando Concepción Cervantes y Eguiluz, conocida cariñosamente como Doña Conchita, abrió un pequeño negocio familiar en la colonia Condesa. Tras quedar viuda, encontró en la cocina y en el trabajo diario la manera de sacar adelante a sus hijos.

Con creatividad y perseverancia, comenzó a experimentar con carnes, marinados y técnicas hasta lograr una preparación distinta a todo lo que existía en ese momento. De esas pruebas surgió el trompo al pastor y, con él, un taco que con el paso del tiempo se convertiría en un emblema nacional.
Tradición que evoluciona sin perder su esencia
A lo largo de seis décadas, El Tizoncito ha crecido junto con la ciudad, atravesando generaciones y cambios en las tendencias gastronómicas, pero manteniendo intactos los elementos que lo hicieron único.
El pastor al carbón, la piña, la cebolla, el cilantro y el tradicional “volado” de salsa que realizan los pastoreros forman parte de un ritual que continúa conquistando a nuevos comensales sin perder su esencia original.

Una historia que continúa taco a taco
Lo que comenzó como una taquería de barrio es hoy una red de 20 sucursales que sigue creciendo y evolucionando, siempre con respeto por sus raíces y por quienes han formado parte de este camino: colaboradores, familias y clientes que han acompañado esta historia generación tras generación.
Celebrar el sabor que nos une
El 60 aniversario de El Tizoncito celebra mucho más que la permanencia de un negocio; reconoce al taco al pastor como parte del patrimonio culinario contemporáneo de México, así como la memoria compartida que se construye alrededor de una mesa.
Un homenaje a un sabor que sigue girando al fuego, conquistando paladares y recordándonos que, en cada taco, también se cuenta una parte de la historia del país.




