Hay cosas que sabemos que llegaron con septiembre: las banderas en las calles, la música mexicana, el papel picado y, en muchas casas, el olor del pozole que empieza a cocinarse desde temprano.
La noche del 15 tiene algo especial. La familia se reúne, llegan los amigos, alguien trae las tostadas, otro aparece con los tacos y siempre hay quien pregunta si ya está lista el agua fresca. Porque también se celebra con lo que se sirve en la mesa.
La tradición de servir un agua fresca
Jamaica, limón, tamarindo, naranja, guayaba, piña, mango o uva. Hay sabores que forman parte de nuestra memoria y que no necesitan presentación.
Las aguas frescas están en las fondas, los mercados, las comidas familiares y los domingos en casa. Son parte de esa cocina cotidiana que pocas veces consideramos extraordinaria, precisamente porque siempre ha estado ahí.
Y quizá por eso tienen tanto que ver con las reuniones mexicanas. Se sirven en una jarra grande, se pone al centro de la mesa y cada quien se sirve cuando quiere. Si se acaba, alguien pregunta quién quiere más y vuelve a llenar los vasos. En las Fiestas Patrias simplemente encuentran otra buena razón para estar ahí.
¿Jamaica para el pozole?
Hay combinaciones que parecen hechas para septiembre. Un plato de pozole bien servido, sus tostadas, lechuga, rábano, orégano y limón, acompañado de un vaso de agua de jamaica bien fría.
Para los tacos o las tostadas, el sabor Limón puede ser una buena opción, mientras que Guayaba, Naranja, Piña, Mango, Tamarindo y Uva ponen sobre la mesa otras posibilidades para quienes prefieren sabores más frutales.
Bonafont Aguas Frescas reúne estas opciones en una presentación práctica para tener diferentes sabores a la mano durante la comida, sin complicar demasiado los preparativos de una reunión.
Lo mejor viene después de cenar
La cena del 15 de septiembre rara vez termina cuando se recoge el último plato.
Está la sobremesa, alguien pone otra canción, aparecen historias familiares que ya conocemos pero que siempre volvemos a escuchar y, de pronto, ya pasó la medianoche.
Esos momentos también son parte de la celebración. Las Fiestas Patrias no solamente tienen que ver con los platillos tradicionales, sino con todo lo que sucede alrededor de ellos.
Con la receta que alguien aprendió de su mamá. Con el antojito que solo se prepara en estas fechas. Con la persona que llega diciendo que no tiene hambre y termina probando de todo.
Y con ese vaso de agua fresca que vuelve a llenarse mientras la conversación continúa.
Porque al final, buena parte de lo que entendemos como comida mexicana tiene que ver con compartir. Sentarnos juntos, pasar los platos, probar, repetir y quedarnos un rato más.
Este septiembre, que la mesa se llene de esos sabores que conocemos de toda la vida. Que haya pozole, antojitos, algo frío para acompañar y, sobre todo, gente con quien compartirlo.




