Cuando pensamos en la Independencia de México aparecen las imágenes conocidas: Miguel Hidalgo frente a la parroquia de Dolores, Morelos en campaña, los ejércitos insurgentes recorriendo caminos y una población que enfrentaba años de incertidumbre.
Pero la historia también se puede contar desde la mesa. ¿Qué bebían aquellos hombres y mujeres? ¿Qué había en sus cantimploras durante las largas jornadas? ¿Qué tomaban para recuperar fuerzas, combatir el frío o simplemente hacer más llevaderas las horas de guerra?
La respuesta lleva a algunas de las bebidas que todavía forman parte de nuestra cultura gastronómica: mezcal, aguardiente, pulque y chocolate.
El llamado “coraje líquido”
De acuerdo con información publicada por la revista Antropología Mexicana del Instituto Nacional de Antropología e Historia, durante aquellos años se utilizaba la expresión “coraje líquido” para referirse al consumo de bebidas alcohólicas como una forma de enfrentar el miedo y las duras condiciones de la guerra.
El alcohol formaba parte de la vida cotidiana y su consumo no se limitaba a los combatientes. Insurgentes, realistas y población civil convivían con bebidas como el pulque, el aguardiente y los destilados de agave, en una época marcada por la pobreza, la inseguridad y la incertidumbre.
La guerra, además, hizo más difícil controlar la producción y circulación de estas bebidas, mientras su consumo adquiría diferentes funciones, desde acompañar la vida cotidiana hasta ayudar a sobrellevar las condiciones de las campañas militares.
Mezcal, pulque y aguardiente
Entre las bebidas más presentes en aquel México estaban el pulque y distintos aguardientes, además de los destilados de agave que con el tiempo darían forma a la enorme tradición mezcalera del país.
El pulque tenía una presencia importante en la vida cotidiana, especialmente en las regiones donde se producía. Era una bebida nutritiva y popular, mientras que los aguardientes ofrecían una concentración alcohólica mucho mayor.
En medio de la guerra, las bebidas también podían tener usos prácticos. El mezcal, por ejemplo, acompañaba las jornadas de algunos combatientes y, según los relatos históricos recuperados sobre la época, José María Morelos llegó a utilizarlo para remojar carne seca y hacerla más fácil de comer durante sus recorridos.
Hidalgo y una taza de chocolate
No todo era alcohol. Uno de los detalles más curiosos alrededor de Miguel Hidalgo tiene que ver con el chocolate. Antes de dirigirse al atrio de la parroquia de Dolores la madrugada del 16 de septiembre de 1810, se cuenta que tomó una taza de chocolate preparado con agua.
El chocolate tenía entonces una larga historia en México y una presencia importante tanto en la vida cotidiana como en las mesas de las clases acomodadas. Era una bebida energética, reconfortante y profundamente vinculada con la cultura gastronómica novohispana.
Pensar en Hidalgo con una taza de chocolate antes de uno de los momentos más importantes de la historia de México resulta casi una escena cinematográfica: mientras afuera comenzaba a cambiar el rumbo del país, dentro de la casa había tiempo todavía para un último sorbo.
De las bebidas de guerra a la mesa mexicana
Más de dos siglos después, aquellas bebidas siguen teniendo un lugar importante en la gastronomía nacional.
El mezcal pasó de ser un destilado tradicional a convertirse en uno de los grandes representantes de México en el mundo. El pulque mantiene viva una tradición ancestral y el chocolate continúa presente en desayunos, meriendas y celebraciones.
Quizá esa sea una de las partes más interesantes de conocer la historia de lo que comemos y bebemos: descubrir que detrás de cada producto hay caminos, costumbres, personajes y momentos que explican por qué llegaron hasta nuestra mesa.
Este septiembre, además de recordar a quienes participaron en la Independencia, podemos mirar hacia esos pequeños detalles de la vida cotidiana que también construyeron aquella época.
Porque la historia de México no solamente está en los libros, los monumentos y las batallas. También está en lo que se cocinaba, en lo que se bebía y en las historias que se compartían alrededor de una mesa.
Para brindar a la mexicana
Y si después de leer esta historia se antoja preparar algo con sabores mexicanos, Fundación Herdez reúne en su sitio web 11 recetas de “Cocteles que saben a fiesta mexicana”, con opciones con y sin alcohol. Aquí un par de ejemplos:
El valiente
Ingredientes
Escarchado
- Limón
- Sal fina Aires de Campo
Para el coctel
- 1 caballito de ron
- 1 dash de Salsa Extra Picante Tampico Búfalo
- 10 semillas de chile jalapeño
Procedimiento
Escarchar el borde del caballito utilizando el limón y la sal fina.
Agregar al caballito las semillas de chile jalapeño, el toque de salsa extra picante y, finalmente, el ron.
Integrar los ingredientes con un agitador.

Móctel – Mojito de tamarindo
Ingredientes
Escarchado y decoración
- Limón
- Mezcla de chile en polvo y limón
- Sal fina Aires de Campo
Para el móctel
- 8 hojas de menta
- 1 cdta. de azúcar
- Jugo de 1 limón
- 2 oz. de concentrado de tamarindo
- ¼ oz. de Miel Carlota
- Hielo (al gusto)
- Agua mineral (al gusto)
Procedimiento
Servir al instante.
Escarchar el borde de un vaso con limón y la mezcla de chile en polvo y sal fina.
Incorporar la menta, el azúcar y el jugo de limón dentro del vaso.
Presionar suavemente los ingredientes para extraer los aromas de la menta.
Verter el concentrado de tamarindo junto con la miel y mezclar hasta integrar.
Añadir hielo al gusto.
Rellenar con agua mineral y mezclar suavemente.





