La experiencia de mixología de Ron Botran que nos llevó hasta Guatemala

Recientemente tuvimos la oportunidad de formar parte de una experiencia con Ron Botran, en la que nos pusimos detrás de la barra para preparar dos cócteles que, aunque parten de recetas conocidas, tienen un giro interesante.

La cita fue en Castizo Condesa, restaurante dedicado a la cocina española y mediterránea, donde la gastronomía, los buenos tragos y la sobremesa parecen tener naturalmente un mismo idioma. La idea de la noche era conocer mejor Ron Botran mientras aprendíamos a preparar un Mojito Botran y un Spritz Botran.

Un ron que nació en Guatemala

La historia de Ron Botran comienza en Guatemala en 1940, cuando cinco hermanos procedentes de España decidieron emprender un nuevo camino en este país. Más de ocho décadas después, la marca continúa elaborando su ron en Guatemala, desde el cultivo y la destilación hasta el añejamiento y embotellado.

Y aquí hay un detalle que hace particularmente interesante a Botran: en lugar de utilizar melaza como base, la marca trabaja con miel virgen de caña de azúcar, obtenida a partir del jugo concentrado de la caña. De acuerdo con la propia marca, sus rones no llevan azúcar añadida.

Pero quizá uno de los elementos más particulares de su elaboración está en el añejamiento. Los rones son llevados a Casa Botran, en las montañas de Quetzaltenango, a aproximadamente 2,300 metros sobre el nivel del mar. Ahí las condiciones de temperatura y altitud acompañan un proceso de maduración más lento.

La sorpresa de la mixology experience Botran

Si alguna vez has preparado un mojito, probablemente lo primero que pensarías sería: hierbabuena, azúcar, limón, ron y a machacar. Pero en nuestra experiencia con Botran hubo una pequeña sorpresa: no maceramos la hierbabuena ni utilizamos azúcar directamente.

En su lugar, la preparación incorporó jarabe, además de la hierbabuena y los demás elementos que dan frescura al cóctel. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia la experiencia. Al no machacar las hojas, el resultado evita que la hierbabuena se vuelva demasiado dominante o amarga y permite que el aroma aparezca de una manera mucho más delicada.

El segundo cóctel llevó la experiencia hacia otro lugar. En el Spritz Botran combinamos el ron con hierbabuena, jarabe y espumoso, dando como resultado una bebida fresca, ligera y burbujeante. Las burbujas y la frescura de la hierbabuena hacen que sea una opción particularmente agradable para comenzar una tarde.

La experiencia tuvo lugar en Castizo Condesa, un espacio donde su chef, Álvaro Crespo —nacido en Madrid— trabaja una cocina enfocada en producto, técnica y maridajes. Y aunque a primera vista un restaurante español pueda parecer un escenario inesperado para descubrir un ron guatemalteco, justamente ahí estuvo parte del encanto.

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